El capítulo perdido de las aventuras del famoso Don Quijote de la Mancha

Quiero dejar en claro antes que nada, que no soy el mismo gran escritor que busco y documento las hazañas del famoso Don Quijote, si no otro, uno más nuevo y contemporáneo. El cuál, gracias a un giro del destino, se encontró durante su estadía en la Mancha con información que mi antecesor había pasado por alto.

Lo que he encontrado sucede justo en los últimos momentos de Don Quijote, o más bien de Alonso Quijano el Bueno, puesto su cordura ya había recobrado. Y tal parece que fue algo de lo que mi antecesor nunca se enteró, por ende omitió aquello y cambió levemente la verdadera historia.

Prefiero mantener mis fuentes ocultas, pero lo que les digo es cierto. Y ya yendo al grano, lo que mi gran colega olvidó fue la conversación entre Alonso y Antonia, su sobrina.

El hecho comienza cuando Don Quijote despierta. Estando enfermo despierta luego de un largo tiempo. A continuación grita y celebra que su cordura había regresado, por lo cual su sobrina acude al escucharlo. El recuperado Alonso le explica a esta lo sucedido, la cual, en vez de como dice la historia original, no le creyó en primera instancia, pues pensó que se trataba de otra locura.

– ¿Pero qué es lo que vuestra merced dice? ¿De qué locura habla? – dijo su sobrina luego de escucharlo. -Será mejor que no gaste energías y vuelva a tomar descanso, que ya bien lo han encantado de nuevo.
– Encantado ni que nada, he vuelto mi querida sobrina. Tal como os he dicho, Dios me ha concedido la oportunidad de pensar en las acciones que he cometido durante mi locura devolviéndome mi cordura. Pues bien cierto es que pronto me muero. -expresó Alonso con la mayor seriedad, intentando así demostrar que ya no estaba loco.
– ¿Acaso será cierto que no se trata de un encantamiento? – ¿Qué puede probar que no ha sido encantado nuevamente por sus enemigos? Porque muy bien sabe usted que ellos desean que usted esté malo y no recupere de la pura envidia que le tienen. – añadió su sobrina con cierta duda.
– Yo mismo lo puedo probar, ya que recuerdo todo lo que en mis locuras como Don Quijote he hecho. Y para probarlo, te digo, mi querida Antonia, que recuerdo tanto a los gigantes que no eran gigantes sino molinos como también recuerdo que en mi locura libere a un grupo de galeotes.
– Es verdad. – dijo su sobrina muy sorprendida al ver que Don Quijote, es decir Alonso se había recuperado. – ¿Acaso su merced se ha recuperado del todo?
-A si es mi querida. – agregó con la mejor sonrisa que puedo, pues ya bien rápido se moría.
-He de decirle a todos. – expreso con mucha felicidad su sobrina. Pero antes de que esta pudiese moverse, Alonso Quijano la detuvo con su voz.
– Antes he de hablar contigo. – dijo este.
– ¿Qué sucede mi buen señor? – preguntó Antonia extrañada.
– ¿Es cierto que hay un escritor que ha documentado mis locuras?
– Si, lo es. – respondió esta extrañada. ¿Por qué pregunta vuestra merced aquello?
– Bueno, al final Don Quijote consiguió lo que buscaba, y su nombre en los libros ha dejado. – agregó Alonso con una triste expresión. -Verás mi querida sobrina, que bien por lo que he hecho no siento.
– Pero no todo lo que hizo vuestra merced fue malo, además siempre tuvo la intención de ayudar al débil y llevar justicia donde usted iba. – dijo su sobrina intentando consolarlo, pues en su cara se veía que muy arrepentido estaba.
– Golpear granjeros inocentes, liberar presos, atacar a la Santa Hermandad y muchas otras fechorías he cometido. – añadió Alonso con un tono bajo y decaído. – A mis ojos el caballero de la triste figura es el causante de muchos males. Y como si eso no bastara, a mi amigo Sancho en loco durante mi locura he convertido. – su sobrina no respondió. – Bien ha hecho Dios en devolverme mi cordura para reflexionar sobre todas las obras que he cometido y arrepentirme de mis pecados. Y ahora sin más que decir, por favor ve a buscar al cura para confesarse, a un escriba para que redacte mi testamento y al barbero para que llame a todos, pues aquí a todos los quiero, y rápido que ya me muero.
Antonia se disponía salir rauda, pero antes en la puerta se detuvo y muy alegre dijo:
– Puede ser que lo que vuestra merced dice sea cierto, y Don Quijote más mal que bien haya hecho. Pero no debe de olvidar la intención que este tuvo, y que por muy mal que las cosas haya hecho, el caballero de la triste figura consiguió a todos sus amigos juntar, y ahora estos más cerca uno de los otros se encuentran, como si fuésemos una gran familia. Y aquello es algo que Alonso Quijano el Bueno, o ya sea el famoso Don Quijote de la Mancha, no debe olvidar.

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